Mundo rural

Los impactos de la ganadería industrial son devastadores para el entorno y las comunidades rurales.

La ganadería intensiva provoca la degradación de los suelos, de la tierra que sostiene a las comunidades; la contaminación del agua y el uso masivo de tóxicos y las partículas en suspensión que emiten las explotaciones enferma a quienes viven en el medio rural, y su calidad de vida se ve afectada por afecciones como el tránsito de camiones de alto tonelaje incluso de noche, la proliferación de plagas como moscas y otros insectos, roedores... La pérdida de paisajes y biodiversidad empobrece a nuestros pueblos (también desde un punto económico, debido a las oportunidades de desarrollo sostenible perdidas). La ganadería industrial hipoteca el futuro del medio rural, que ve como su despoblación se agrava debido a este modelo que deja sin oportunidades a quienes apuestan por otra ganadería que sí fijaría población y protegería el entorno.

Pero no solo nuestro medio rural sufre las consecuencias de la ganadería industrial. La presión ejercida sobre los países del sur para conseguir grandes cantidades de maíz, soja y otros cereales para los piensos de los que depende este modelo conlleva acaparamiento de tierras y el consecuente desplazamiento de comunidades, y la intimidación, e incluso la muerte, de líderes campesinos/as; además de enfermedades diversas para quienes viven cerca de los monocultivos, en unos entornos empobrecidos debido a la deforestación.